"Lo que no se mueve, se muere"

POR GEORGINA LEAL

El ocio era considerado por los griegos como un tiempo dedicado a la meditación, al desarrollo del conocimiento, un tiempo dedicado al estudio. En la actualidad, el ocio ha cambiado de definición al ir acompañado de sedentarismo y aplica a todo aquello que no se mueve, aquel que no se desplaza. La inmovilidad se ha desarrollado de la mano de la modernidad y del adelanto tecnológico, lo cual resulta atractivo más no benéfico.

El desarrollo tecnológico ha contribuido al factor del mínimo esfuerzo. En palabras de Giddens “... algunas de las tendencias que se suponía harían la vida más segura y predecible para nosotros, incluido el progreso de la ciencia y la tecnología, tienen a menudo el efecto contrario.” (A. Giddens, 2007:14) El desarrollo tecnológico hoy permite comunicarse a cada rincón del mundo sin necesidad de desplazarnos.

Un ejemplo pequeño es el control remoto cuyo objetivo es garantizar el menor movimiento posible -unos dedos a lo mucho- sin necesidad de levantarse para cambiar de canal del televisor, ni para escuchar música, o abrir la cochera. El control remoto cumple su función de brindar inmovilidad y comodidad, finalmente sedentarismo. ¿A qué se tiene acceso desde un cómodo asiento? A prácticamente todo, comida, trabajo, diversión, entretenimiento.

El objetivo de la modernidad y el desarrollo tecnológico es el realizar el esfuerzo mínimo para cualquier actividad si desea desplazarse se cuenta con automóvil, escaleras eléctricas, elevadores y variadas aplicaciones tendientes a que durante el traslado se utilice el menor número de músculos y el nimio movimiento posible. La ironía de este estado de confort son las enfermedades y malestares físicos derivados de la disminución substancial de una actividad física, y la nula práctica de ejercicio físico.

El estar sentado demasiado tiempo reduce la esperanza de vida y genera enfermedades cardíacas, diabetes, obesidad, los músculos pierden poco a poco la función de metabolizar azúcares, grasas y lo más importante pierden fuerza para poder moverse.

Esta inactividad ha conllevado la aparición e incremento de enfermedades crónicas degenerativas. A lo que se suman una gran variedad de malestares de columna, rodillas, cadera consecuencia del exceso de peso; de malestares gastrointestinales, colitis, gastritis, estreñimiento, hemorroides, diversos problemas de circulación derivados de la mala alimentación y por supuesto por la falta de un movimiento, que además tiene que ser dinámico y fortalecer el músculo.

La falta de actividad física y de ejercicio, junto con el envejecimiento afecta en la pérdida de masa muscular (sarcopenia1 adulto mayor. Esta merma muscular impacta en la movilidad, flexibilidad y coordinación eficiente de movimientos. Se pierde músculo para sostener el cuerpo en una adecuada posición.

Actualmente se presenta ya una atrofia y debilidad en jóvenes o adultos jóvenes en el sistema musculo esquelético, similares a la sarcopenia, según estudios de la Organización Mundial de la Salud, inician con el proceso de envejecimiento desde los 30 años de edad- hecho que se acelera por la falta de actividad física, de ejercicio, pero sobre todo por el sedentarismo y la obesidad. La incapacidad, y sus consecuentes limitaciones, resulta hoy una posibilidad para muchos.

Esto es, se vislumbra una población dependiente y discapacitada con la merma en la economía familiar derivando en un problema de salud pública que impacta a las instituciones competentes que requerirán de un esquema e infraestructura adecuados y especializados para dar atención a la creciente población en estas condiciones. Según un reportaje reciente de la BBC Mundo noticias en los resultados de un Sondeo Nacional de Salud y Nutrición (NAHANES) en Estados Unidos (2005 y 2010) arrojaron datos alarmantes. El estar sentado demasiadas horas, viendo televisión, o como parte del trabajo, reduce la esperanza de vida e impacta en la salud y por tanto en la calidad de vida.

Entre los resultados están que el fallecimiento se relaciona en un 27% por estar sentado, y 19% por ver televisión. ), asociado con la obesidad y el síndrome de fragilidad. Lo que no se mueve, muere lentamente. La menor actividad del cuerpo impacta directamente en el desarrollo óptimo y pleno funcionamiento de todos los músculos, entre ellos el cerebro.

El ejercicio pone en actividad cada área del cerebro, estudios demuestran que la actividad física previene y disminuye efectos de enfermedades neurodegenerativas. Hasta ahora hemos considerado factores físicos, pero también se da una disminución en las capacidades cognitivas como son la pérdida de memoria y de habilidades de razonamiento.

El sedentarismo genera física y mentalmente la pérdida progresiva de capacidades funcionales y cognitivas lo que se traduce en personas discapacitadas y dependientes. Diversos estudios en el ámbito médico y clínico demuestran que adultos mayores que inician con una actividad física propia a su edad obtienen resultados positivos en un promedio de ocho semanas, mejorando sus condiciones de vida, de salud y aumentando su independencia, lo que repercute favorablemente en su ánimo y estilo de vida.

La práctica de ejercicio -al menos tres veces por semana- que contemple actividad de potenciación muscular resulta altamente benéfica. Además si se practica de ejercicio junto con una nutrición adecuada -desde edad temprana- se previene la presencia de enfermedades y patologías a lo largo de la vida. Adicionalmente una actividad de ejercicio facilita algunas de las funciones del sistema nervioso central, como puede ser la memoria y el aprendizaje.

El estilo de vida actual ha generado la necesidad de activar el cuerpo en forma premeditada, esto es, la práctica de un ejercicio moderado frecuente, en donde se trabaje no sólo el aspecto aeróbico sino también muscular, conjuntamente con una alimentación nutritiva y adecuada, beneficiará no sólo el cuerpo, sino la mente.